Durante la celebración realizada en Ovalle, Eduardo Cortés Caroca destacó el legado familiar de la cooperativa y la importancia de incorporar nuevos participantes para asegurar su continuidad. Con la mirada puesta en el centenario de 2031, subrayó el papel de la agricultura pisquera en el sustento de las familias de Atacama y Coquimbo.
El futuro de la Cooperativa Agrícola Control Pisquero también se juega en el recambio generacional. Ese fue uno de los principales mensajes de Eduardo Cortés Caroca durante una entrevista con Conexión Guayacán, realizada en Ovalle en el marco del aniversario número 95 de la institución.
La conversación estuvo marcada por la emoción de pertenecer a una organización vinculada a su historia familiar y por el desafío de mantener esa relación entre las nuevas generaciones y el trabajo agrícola.
“No se olviden de los orígenes”, expresó Cortés, al recordar que la producción de uva pisquera ha permitido a muchas familias sostener sus hogares y financiar la formación profesional de sus hijos.
Un legado familiar que continúa entre las parras
Para Cortés, el aniversario tiene un significado que trasciende la actividad productiva. Durante la entrevista relató que su bisabuelo participó en los primeros pasos de la organización y que, posteriormente, otros integrantes de su familia mantuvieron ese vínculo hasta llegar a su propia participación.
Desde esa experiencia, destacó que ser cooperado representa una fuente de sustento y una forma de dar continuidad al trabajo de generaciones.
Su preocupación está especialmente puesta en los agricultores que dependen de sus cultivos. Por ello, sostuvo que el crecimiento de la cooperativa debe considerar a quienes viven de producir uva y mantener sus parras.
La historia institucional de Control Pisquero sitúa su origen en 1931 y destaca la colaboración entre productores como base de su desarrollo en las regiones de Atacama y Coquimbo.
Recambio generacional: un desafío para la continuidad
Uno de los puntos centrales de la conversación fue la necesidad de incentivar la participación de nuevas generaciones.
Según estimó Cortés durante la entrevista, el promedio de edad de los socios supera los 70 años. En ese contexto, planteó que la continuidad de la organización requiere acercar a nuevos participantes al cooperativismo y al patrimonio agrícola de sus familias.
También reconoció que muchos descendientes han optado por otras profesiones y actividades, gracias al esfuerzo realizado en el campo. Su invitación fue a mantener el vínculo con esa historia y a participar en el futuro de la institución.
De la producción de uva a la industria pisquera
Cortés explicó que los cooperados aportan la materia prima que permite elaborar los productos de la industria: la uva pisquera.
En ese proceso, destacó la relación con Compañía Pisquera de Chile. Esta empresa fue constituida en 2005 a partir de la alianza entre CCU y la Cooperativa Agrícola Control Pisquero de Elqui y Limarí Limitada, según informa la propia compañía.
La asociación forma parte de la evolución del modelo productivo que conecta el trabajo de los agricultores con la elaboración y comercialización de pisco.
2031: un doble centenario en el horizonte
La celebración de los 95 años también abrió la conversación sobre los preparativos para 2031, cuando la cooperativa cumplirá un siglo de trayectoria.
Ese año coincidirá con otro hito: los cien años del Decreto con Fuerza de Ley N.º 181, del 15 de mayo de 1931, que estableció una delimitación territorial para la producción de pisco y constituye un antecedente fundamental de su denominación de origen en Chile.
Para Cortés, esta coincidencia representa una oportunidad para proyectar el trabajo conjunto y reconocer a quienes construyeron la organización.
El desafío, planteó, es llegar al centenario con una cooperativa que continúe creciendo, incorporando ideas y acompañando a las familias que mantienen viva la agricultura pisquera del norte de Chile.