El speaker y divulgador tecnológico Andrés Silva Arancibia propone una mirada que desafía a empresas, profesionales y emprendedores: aprovechar la inteligencia artificial también exige fortalecer el criterio propio. Su concepto de “residuo cognitivo” invita a descubrir qué podemos aportar cuando las respuestas automáticas están al alcance de todos. Texto original publicado en la Revista Factor de Éxito Atlanta EEUU octubre 2026
La inteligencia artificial puede redactar una propuesta comercial, resumir un informe o sugerir una estrategia en segundos. Una oportunidad enorme para quienes necesitan hacer más con recursos limitados. Pero, si todos accedemos a herramientas similares, ¿dónde queda aquello que nos hace diferentes?
Esa es la pregunta que instala Andrés Silva Arancibia, speaker, divulgador tecnológico y fundador de Flumarketing.com, en su artículo publicado en la revista Factor de Éxito Atlanta. Su reflexión lleva la conversación sobre transformación digital más allá de la rapidez: hacia la capacidad humana de interpretar, cuestionar y encontrar caminos nuevos.
Porque obtener una respuesta es cada vez más fácil. Saber si esa respuesta sirve para nuestro problema sigue requiriendo criterio.
El conocimiento del territorio también cuenta
Silva denomina “residuo cognitivo” al aporte útil que una persona agrega a lo que la inteligencia artificial habría producido por sí sola. Allí entran la experiencia, el contexto, la intuición, la imaginación y ese conocimiento que se construye trabajando con personas y enfrentando situaciones reales.
Pensemos en un emprendimiento turístico de la Región de Coquimbo. Una herramienta puede sugerir una campaña atractiva, pero su dueño conoce las preguntas de sus visitantes, las dificultades de acceso y las historias locales que conectan con ellos. Esa experiencia puede convertir una propuesta genérica en una oferta pertinente.
Lo mismo ocurre en la comunicación: una IA puede ayudar a preparar contenidos, mientras el comunicador aporta conocimiento de su audiencia, sensibilidad frente a una noticia y responsabilidad al verificar lo que publica.
La diferencia, advierte Silva, debe mejorar el resultado. Discrepar con una herramienta por una intuición equivocada no agrega valor. Identificar un riesgo, formular una mejor pregunta o incorporar información relevante sí puede hacerlo.
Más productividad, ¿más ideas propias?
El artículo reconoce los beneficios de la IA para acelerar tareas y facilitar el aprendizaje. También plantea una tensión: las herramientas pueden mejorar el trabajo individual y, al mismo tiempo, hacer que las propuestas se parezcan cada vez más entre sí.
Para una pyme, esto abre un desafío concreto. Si sus competidores utilizan los mismos sistemas para crear mensajes y ofertas, la diferenciación dependerá también de cuánto conocimiento propio incorpora al proceso.
Por eso, Silva propone ampliar la pregunta que suele dominar las conversaciones empresariales. Además de calcular las horas ahorradas, conviene observar qué capacidades humanas se están desarrollando mientras se utiliza la tecnología.
Pensar primero, consultar después
Una de sus propuestas es sencilla: antes de consultar a la IA sobre una decisión relevante, registrar una hipótesis o recomendación propia. Después, contrastarla con la respuesta del sistema y, finalmente, evaluar el resultado.
Este ejercicio permite reconocer cuándo la herramienta mejora nuestro análisis y cuándo la experiencia humana detecta algo que había quedado fuera.
Para empresas, instituciones y emprendedores de la región, la reflexión ofrece una invitación práctica: incorporar tecnología y seguir cultivando la curiosidad, el aprendizaje y el conocimiento del territorio.
Andrés Silva lo expresa así: “mejorar el promedio no equivale necesariamente a ampliar la frontera”. El desafío es aprovechar las respuestas disponibles y conservar la capacidad de construir ideas nuevas.
Texto original publicado en la Revista Factor de Éxito Atlanta EEUU octubre 2026